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Un poco de Kabukicho en Shinjuku
Hace poco os enseñe como era la estación de Shinjuku por dentro. Ese mismo día me di un paseo por el barrio de Kabukichō. Aproveche para grabar un par de videos haciendo un giro de 360º para que se viese un poco como era el ambiente y la gente.
Creo que es un barrio que merece la pena visitar. Tiene parte de la estampa típica de Tokio con edificios altos, luces de neón y mucha gente moviéndose de un lado para otro. Aun con tanta gente y siendo todo tan alto me pareció un barrio sosegado (recordemos que era de día). Por la noche debe de ser todo lo contario, es uno de los barrios con mucha vida nocturna, espero comprobarlo la próxima vez. De noche con todos los neones tiene que ser un espectáculo.
Aquí estaban viendo las Olimpiadas de China 2008
Más fotos de ese día en Mi Flickr
Japón y sus templos/santuarios
Después de enseñar las fotos que hice durante mi viaje siempre me preguntan los mismo;
- ¿A que fuiste a Japón, a ver templos?
Una de las cosas más clásicas que hay ver en Japón son los templos y santuarios. Son de una gran belleza, con jardines impresionantes y cada uno con su historia. Para llegar a algunos hay que dar buenos paseos sino vas en el trasporte publico con todos los turistas, como el de Kinkaku-ji en Kioto, en el que me quemé la parte derecha del cuello del sol que hacia (rojo rojo me puse). En esos "paseos" se aprecia muy bien el Japón de diario, del día a día de las personas que allí viven En el blog Vida en Japón en la entrada Un día normal de una familia japonesa explican las cosas que se pueden ver en los paseos.
Lo malo es que hay muchísimos templos y que además hay muchas más cosas que ver. Yo me quede con ganas de ver algunos y hubiera invertido mejor mi tiempo sino hubiera visto otros. Mi consejo es que elijáis muy bien los templos que queráis ver (hay algunos que son imprescindibles) y así tener más tiempo para otras actividades.
Os dejo con algunas fotos de templos de Kioto y Nara.
Otro tipo de imágenes:
Vamos a Shinjuku
En el viaje (Agosto 2008) hubo uno de los días que nos separamos para que cada uno viese lo que quisiera. Yo me quede solo así que le pedí consejo al Ikuguia para ver que rincón de Tokio me recomendaba. Me dijo que el Golden Gai en Shinjuku era un un buen sitio, especial y distinto.
Viajar solo es muy distinto a hacerlo en grupo, y eso que solo fue un día. Te da la libertad de hacer lo que quieras y como quieras sin tener que pensar si al resto del grupo también le interesa. La relación con el entorno no es la misma, no te pasan las mismas cosas yendo solo que yendo siente ni la gente se relaciona igual. Además te la libertad del momento, me explico. Por ejemplo, yo a veces soy un "poco" pesado con las fotos, ese día que estaba solo podía ir y venir haciendo fotos, yendo hacia adelante y hacia atrás, volver por la misma calle dos veces, avanzar y retroceder o estar un buen rato en el mismo sitio solo para ver algo curioso en no sé que esquina, libertad absoluta. Ese día di mas vueltas que una peonza pero fue de los mejores días. Con todo esto no quiero decir que el viajar en grupo sea un rollo sino que las dos formas tienen sus cosas y esta muy bien poder disfrutar de las dos.
Volviendo al tema de la entrada, una vez tenido el destino fijado, Shinjuku, cogí la línea Yamanote de tren en Shibuya y fui para allá. Vista mi reciente libertad decidi grabar en vídeo un poco del viaje y la llegada a la estación de Shinjuku. Ya que es tan famosa por lo grande que es y la cantidad de gente que mueve pensé que un vídeo podría ser interesante. Es una pena que la cámara que tenia entonces no es como la de ahora y los vídeos son un poco chuchurrillos. También grabe el viaje de vuelta a Shibuya, pero ese ya os lo pondré otro día.
Shinjuku no Eki from neki on Vimeo.
Rainbow Bridge
Las 3 que más
De entre todas las cosas que explico del viaje hay tres historias que son las que más cuento y las que más me gusta contar.
Una de ellas y la última que me pasó ya os la he contado, es cuando fui a comer al Restaurante Soup-ya, especializad: sonrisas. El primer sitio donde pienso ir cuando vuelva a Tokio. Evidentemente no se acordaran de mi, pero esta vez pienso ser yo quien les recuerde (en el magnifico japonés que tendré entonces) el recuerdo que tengo de ellos.
La primera cosa que nos dejo marcada cuando llegamos el primer día a Tokio fue lo dispuesta que esta la gente a ayudarte. Al llegar a la Estación Central de Tokio desde el aeropuerto lo primero que te encuentras es un maremagnun de gente yendo de un lado a otro. Es el momento cuando te das cuenta de donde estas. Oleadas de personas moviéndose por los andenes cada vez que llegaba un tren, tú con la maleta que pesa como un cerdo en brazos, de un lado para otro intentando buscar entre los carteles alguna señal de la línea que necesitas. A todo esto hay que añadirle la emoción de ser los primeros pasos que das del viaje que llevas tanto tiempo preparando y esperando. En este momento estábamos todos reunidos mirando los carteles cuando una azafata de AirFrance (yo creo que de nuestro vuelo) nos pregunta en ingles a donde nos dirigimos. Una vez indicado nuestro destino desaparece unos instantes. Cuando vuelve nos explica a donde nos tenemos que dirigir. Aquí ya es cuando pensamos “que maja es la gente, así da gusto viajar por aquí, va a ser verdad todo eso que dices que aquí la gente es muy amable”. Con una sonrisa en la cara continuamos nuestro periplo por el trasporte publico.
Al llegar a la estación en la que teníamos que cambiar de línea la cosa se complico. No veíamos ningún cartel indicando la dirección que debíamos seguir para llegar a la línea que necesitábamos. En ese momento se nos acerca de una persona que en un perfecto ingles (por lo menos así me pareció), nos pregunta si necesitábamos ayuda y a donde nos dirigíamos. Como habíamos hecho 20 minutos antes con la azafata le indicamos nuestro destino. Nos dice que vayamos con ella que nos acompaña. Yo pensaba que estaría ahí al lado pero resulta que para ir a la línea que necesitábamos debíamos salir de la estación y entrar en otra estación. Mientras nos iba dirigiendo nos hablaba de ella, de donde venia y cosas así. Al entrar en la estación nos llevo hasta la máquina de billetes, nos enseño como sacar los billetes y hasta que no cruzamos las barreras no se despidió de nosotros. No solo nos acompaña a la estación, a la cual ella no iba, sino que además se asegura de que cojamos los billetes y vayamos en buena dirección. Creo que esta situación nos influyo para todo el viaje. Te da unas energías positivas que hacen que afrontes el viaje con una sonrisa. ¿Cuando hemos hecho nosotros eso por alguien?
La tercera nos paso en Kioto. Nuestro hotel estaba en un barrio muy tranquilo. Alrededor había comercios pequeños y edificios bajos, nada de rascacielos. Cerca del hotel había un restaurante pequeño, seguramente era un negocio familiar. Habría unas 4 o 5 mesas y tenían el béisbol en la televisión. Mirando en nuestra guía de conversación le pedimos a la camarera que nos aconsejara sobre el menú. Casi todos la hicimos caso y pedimos su recomendación. Nunca había comido pasta fría, con cubitos de hielo y todo, pero la verdad es que estaba muy bueno y con el calor que hacia se agradecía. Una vez que terminamos salimos del restaurante. En la calle, al pasar delante de la puerta de la cocina del restaurante salió una mujer mayor a toda prisa. Nos dijo algo en japonés. Yo al principio no entendí lo que decía, me había sorprendió al verla salir a toda prisa de la cocina. Oí de fondo que nos estaba preguntando de donde éramos. Todos respondimos que de España, en ese momento sonrío y dijo algo más que no recuerdo (o que no entendí, véase cualquiera de las dos opciones). Después de eso nos hizo una reverencia de 180 grados y nos dio la gracias. Ahí, ya si que me quede perplejo (= flipando en colores). Todos la devolvimos la reverencia y con una sonrisa nos despedimos y continuamos nuestro camino. Nos íbamos mirando entre nosotros sin saber muy bien que cara poner. De verdad hay personas muy amables. Ahora ya sabéis cual va ser el primer restaurante donde iré a comer en Kioto.
No son grandes historias, pero si son de las que más me gusta contar.
Esta claro que dentro de no mucho tendré que volver a Japón. Me he dejado muchos compromisos sin cumplir.














