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El retorno con el Kiyomizu-dera

Hay veces que basta con que la persona adecuada encienda la llama. Basta con que esa llama se encienda cuando la pólvora esta lista.

Hoy esa llama se ha encendido cuando han compartido conmigo un disco del compositor japonés Taro Iwashiro. Aunque me habían dicho que  eran canciones algo tristes y ahora prefiero escuchar cosas más animosas le he dado al play. Cuando ha llegado la canción número 6, The promised Land, el video que me rondaba la cabeza desde hacía un mes y no era capaz de dar forma ha empezado a coger sentido mientras sonaba. Así que sin perder un momento he arrancado el editor de video y me he puesto a ello.

El Templo de Kiyomizu (templo del agua pura en japonés) esta en la ciudad de Kioto barrio de Higashiyama-ku. En mi primer viaje a Japón no pude verlo. Con esa espinita clavada  volví a Kioto en el viaje del verano pasado solo para ver ese templo. Me quede dos noches para así tener un día completo para verlo con tranquilad. Mis vacaciones por mucho turismo que sean son vacaciones y lo importante es disfrutar y hacer las cosas sin prisa.

Recinto del Kiyomizu-dera

De camino al Kiyomizu-dera, descubrí que hay un montón de templos y sitios por explorar en el barrio de Higashiyama y recomiendo a todo el mundo que lo visite con tiempo. Cuidado que para las 5 ó 6 de las tardes cierran casi todos los templos.

Quizás hoy sea el día que vuelva a retomar el blog así que dejaré las fotos para enseñároslas en otro momento. Llamadme vago pero todavía no he revisado todas las fotos del viaje. Siento que el video sea tan corto, el calor de Japón hace que a uno se le quiten las ganas de todo y más de llevar la cámara todo el día a cuestas. Del viaje del año pasado no grabe tanto como en el anterior. ¿Quizás se solucionase con otro viaje?

 

Kiyomizu-dera from neki on Vimeo.

Gracias por encender la llama.

Fiestón nocturno

Una de las primeras noches que pasamos en Kioto  sucedió algo curioso. Íbamos paseando ya hacia el hotel cuando empezamos a oír música de verbena, pero de verbena española. Fuimos en dirección a la música y nos encontramos con un esto.

Fiesta de Colegios

Resulta que habíamos encontrado una fiesta. Era una fiesta organizada por varios colegios. Tenían un escenario con actuaciones, donde parecía que eran los padres y profesores los que actuaban. También había actividades para los chavales, los cuales andaban por allí correteando y mirándonos raro. Algo nos decían pero ni idea de que era, ya sabéis como son los niños. Lo más chulo es que alrededor del escenario había un montón de puestos, de juegos y comidas. La gente allí sentada al rededor tomándose unas cervezas. Era una estampa bastante idílica.

Para ser los primeros días que estábamos en Japón fue una experiencia bonita, la gente fue muy amable.  Me recordó a las fiestas que se hacían en mi colegio. Estas son las cosas por las que vuelvo a Japón. Guardo un gran recuerdo de esa noche.

 

 

Fiesta de Colegios

Japón y sus templos/santuarios

Después de enseñar las fotos que hice durante mi viaje siempre me preguntan los mismo;

– ¿A que fuiste a Japón, a ver templos?

Una de las cosas más clásicas que hay ver en Japón son los templos y santuarios. Son de una gran belleza, con jardines impresionantes y cada uno con su historia. Para llegar a algunos hay que dar buenos paseos sino vas en el trasporte publico con todos los turistas, como el de Kinkaku-ji en Kioto, en el que me quemé la parte derecha del cuello del sol que hacia (rojo rojo me puse). En esos "paseos" se aprecia muy bien el Japón de diario, del día a día de las personas que allí viven En el blog Vida en Japón en la entrada Un día normal de una familia japonesa explican las cosas que se pueden ver en los paseos.

Lo malo es que hay muchísimos templos y que además hay muchas más cosas que ver. Yo me quede con ganas de ver algunos y hubiera invertido mejor mi tiempo sino hubiera visto otros. Mi consejo es que elijáis muy bien los templos que queráis ver (hay algunos que son imprescindibles) y así tener más tiempo para otras actividades.

Os dejo con algunas fotos de templos de Kioto y Nara.

 

 

 

 

 

 

 

Otro tipo de imágenes:

Las 3 que más

De entre todas las cosas que explico del viaje hay tres historias que son las que más cuento y las que más me gusta contar.

Una de ellas y la última que me pasó ya os la he contado, es cuando fui a comer al Restaurante Soup-ya, especializad: sonrisas. El primer sitio donde pienso ir cuando vuelva a Tokio. Evidentemente no se acordaran de mi, pero esta vez pienso ser yo quien les recuerde (en el magnifico japonés que tendré entonces) el recuerdo que tengo de ellos.

La primera cosa que nos dejo marcada cuando llegamos el primer día a Tokio fue lo dispuesta que esta la gente a ayudarte. Al llegar a la Estación Central de Tokio desde el aeropuerto lo primero que te encuentras es un maremagnun de gente yendo de un lado a otro. Es el momento cuando te das cuenta de donde estas. Oleadas de personas moviéndose por los andenes cada vez que llegaba un tren, tú con la maleta que pesa como un cerdo en brazos, de un lado para otro intentando buscar entre los carteles alguna señal de la línea que necesitas. A todo esto hay que añadirle la emoción de ser los primeros pasos que das del viaje que llevas tanto tiempo preparando y esperando. En este momento estábamos todos reunidos mirando los carteles cuando una azafata de AirFrance (yo creo que de nuestro vuelo) nos pregunta en ingles a donde nos dirigimos. Una vez indicado nuestro destino desaparece unos instantes. Cuando vuelve nos explica a donde nos tenemos que dirigir. Aquí ya es cuando pensamos “que maja es la gente, así da gusto viajar por aquí, va a ser verdad todo eso que dices que aquí la gente es muy amable”. Con una sonrisa en la cara continuamos nuestro periplo por el trasporte publico.

Al llegar a la estación en la que teníamos que cambiar de línea la cosa se complico. No veíamos ningún cartel indicando la dirección que debíamos seguir para llegar a la línea que necesitábamos. En ese momento se nos acerca de una persona que en un perfecto ingles (por lo menos así me pareció), nos pregunta si necesitábamos ayuda y a donde nos dirigíamos. Como habíamos hecho 20 minutos antes con la azafata le indicamos nuestro destino. Nos dice que vayamos con ella que nos acompaña. Yo pensaba que estaría ahí al lado pero resulta que para ir a la línea que necesitábamos debíamos salir de la estación y entrar en otra estación. Mientras nos iba dirigiendo nos hablaba de ella, de donde venia y cosas así. Al entrar en la estación nos llevo hasta la máquina de billetes, nos enseño como sacar los billetes y hasta que no cruzamos las barreras no se despidió de nosotros. No solo nos acompaña a la estación, a la cual ella no iba, sino que además se asegura de que cojamos los billetes y vayamos en buena dirección. Creo que esta situación nos influyo para todo el viaje. Te da unas energías positivas que hacen que afrontes el viaje con una sonrisa. ¿Cuando hemos hecho nosotros eso por alguien?

La tercera nos paso en Kioto. Nuestro hotel estaba en un barrio muy tranquilo. Alrededor había comercios pequeños y edificios bajos, nada de rascacielos. Cerca del hotel había un restaurante pequeño, seguramente era un negocio familiar. Habría unas 4 o 5 mesas y tenían el béisbol en la televisión. Mirando en nuestra guía de conversación le pedimos a la camarera que nos aconsejara sobre el menú. Casi todos la hicimos caso y pedimos su recomendación. Nunca había comido pasta fría, con cubitos de hielo y todo, pero la verdad es que estaba muy bueno y con el calor que hacia se agradecía. Una vez que terminamos salimos del restaurante. En la calle, al pasar delante de la puerta de la cocina del restaurante salió una mujer mayor a toda prisa. Nos dijo algo en japonés. Yo al principio no entendí lo que decía, me había sorprendió al verla salir a toda prisa de la cocina. Oí de fondo que nos estaba preguntando de donde éramos. Todos respondimos que de España, en ese momento sonrío y dijo algo más que no recuerdo (o que no entendí, véase cualquiera de las dos opciones). Después de eso nos hizo una reverencia de 180 grados y nos dio la gracias. Ahí, ya si que me quede perplejo (= flipando en colores). Todos la devolvimos la reverencia y con una sonrisa nos despedimos y continuamos nuestro camino. Nos íbamos mirando entre nosotros sin saber muy bien que cara poner. De verdad hay personas muy amables. Ahora ya sabéis cual va ser el primer restaurante donde iré a comer en Kioto.

No son grandes historias, pero si son de las que más me gusta contar.

Esta claro que dentro de no mucho tendré que volver a Japón. Me he dejado muchos compromisos sin cumplir.

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